Los límites del estado del bienestar

             Aparece frecuentemente en forma de pregunta, pero me temo que se trate de una respuesta; eso hace que al oírla se me activen las alarmas y las defensas. Mi respuesta, por si era una pregunta, es clara y contundente: no hay límites, hay opciones. Habitualmente se nos explica que la política es el arte de lo posible pero eso es una afirmación sesgada y si no se matiza resulta rotundamente falsa. Lo que realmente define el marco en el que va producirse la actividad política son las opciones previas. Según sean las opciones previas van a aparecer unas u otras posibilidades.

            Si hay una opción previa que prima la tendencia hacia la eliminación de las desigualdades, si se ha optado por la implantación, defensa y  progresivo desarrollo de los derechos humanos, si de la atención a las necesidades básicas de   las personas, en nutrición, vivienda, sanidad y educación se ha hecho una prioridad indiscutible, entonces van a aparecer unas posibilidades distintas de las que se nos  ofrecen ahora. Y las preguntas que nos vamos a hacer también serán distintas. A partir de las opciones previas vigentes nos preguntamos por los límites del respeto y atención a las personas  cuando deberíamos estar preguntando, a partir de otras opciones, por los límites de la propiedad,  de los beneficios, de los intereses bancarios, del gasto militar, de las emisiones de anhídrido carbónico o de la concentración de metales pesados en el mar. Preguntarnos por los límites del estado del bienestar es preguntarnos por los límites de los derechos humanos, por los límites de la libertad, por los límites de la justicia.

¿Es que el estado democrático tiene alguna otra función que la de garantizar el bienestar de los ciudadanos que lo forman y mantienen? No es casualidad que quienes más se interrogan por los límites del estado del bienestar sean también los que más quisieran limitar la función del estado. Será falta de imaginación pero realmente no se me ocurre nada que pueda ser categorizado correctamente como función propia del estado democrático que no esté incluido en una amplia y completa definición del estado del bienestar. Otra cosa es que cada momento tenga sus limitaciones fruto de la coyuntura, pero precisamente el estado debe ser el instrumento que, activado por la voluntad ciudadana, rompa los límites actuales para poder alcanzar otros, situados más allá.  Construir un estado social libre y justo a partir de unos límites predeterminados es algo así como fundar una universidad en la que el saber estuviera limitado de antemano. Del mismo modo que la universidad tiene la función de  ampliar los límites del saber, límites reales pero que aspiramos a sobrepasar, el estado no tiene otra justificación que la de garantizar el bienestar de sus ciudadanos, sin renunciar a ampliarlo, mientras establece  eficaces políticas de cooperación con los demás estados.

Entre las enseñanzas a extraer de la actual crisis no va a ser la menos importante la de saber que siempre existen expertos que pueden justificar cualquier disparate y que nunca es razonable que quien decide, los ciudadanos, acepten emprender caminos que no les resulten razonables.

 

Alfons Banda Tarradellas

 

Publicat a  Tecnonews el 28/V/13

 

 

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Una resposta to “Los límites del estado del bienestar”

  1. Excel·lent reflexió i article Alfons. Clarivident!

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